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NO DEBERÍAN HEREDAR LOS MALAGRADECIDOS / Karina López

NO DEBERÍAN HEREDAR LOS MALAGRADECIDOS / Karina López

Por: Karina López

En los tiempos del COVID 19 personas de la tercera edad murieron y muchas lo hicieron en la soledad de sus grandes mansiones o en aquella casa donde un día hubo mucha algarabía, pese a la pobreza.

A esto se sumó un elevado porcentaje de ancianos “viviendo” en los geriátricos, espacios, que los acogen porque no tienen a donde ir dado que la paciencia y el tiempo de los familiares, feneció. Entonces, los abuelos, las madres, en definitiva los ancianos quedaron sobrando en esas casas o mansiones que les costó construirlas en su juventud.

Que triste, en el año 2020, murieron sin el abrazo del nieto que recién se acoplaba en un mundo amenazante, del hijo o hija al que quiso bendecirlo con sus labios y sus manos, de su perro fiel; que más que perro fue ese amigo incondicional.

Se suponía que la amenaza de la muerte circulando en un pequeño virus microscópico debía cambiarnos, transformarnos y moldearnos a la imagen de un ser humano con sentimientos y valores; pero tristemente las noticias nos restriegan a diario, que la maldad del ser humano no tiene límites: más femicidios, delincuencia, asaltos, desempleo, corrupción y más promesas de falsos y cínicos lobos vestidos de ovejas.

Con todo lo referido, una herencia que llega como regalo divino se convierte en una herencia que no merecen las almas malagradecidas.  Así las almas ambiciosas, envidiosas y mezquinas  son entregadas a merced del diablo cuyo corazón ha vuelto de piedra.

La ambición del hombre no tiene límites, más valor tiene el dinero que el linaje y las enseñanzas de vida. Entonces, qué tan sensato es dejar casas, dinero, terrenos a personas no agradecidas y necias; quienes con dinero pierden valores y familiaridad.

Basta de peleas absurdas que evidencian el lado más obscuro de la humanidad. Hay que reflexionar y entender que una casa, por la que se pelean, es el sacrificio de padres y abuelos; quienes lloraron, sufrieron privándose de muchos lujos como por ejemplo: viajar y vestir trajes lujosos.

Los ancianos dejaron de vivir para acomodar la vida de unos hijos desagradecidos con un corazón en el que ha calado profundo la mezquindad y la falta de un verdadero sentido de hermandad; de esa joya llamada familia.

Bien dicen que lo que no nos cuesta sacrificio no aprendemos a valorar nunca; pero más allá de un bien material hay que comprender que los años, la vida misma de nuestros progenitores es lo que se va y eso no tiene boleto de regreso.

Cuando ya no estén y sean parte de la madre tierra no necesitan llantos tardíos que no van a dar ningún fruto y que son solo parte de un show.

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