MIRAR LO QUE MIRA / Juan Carlos Astudillo Sarmiento
La mirada de mi hija está perdida, siempre. Ella ve a través de algo que no encuentro y habla para sí, tendiendo voces que son juegos y me invita. Tengo miedo de entrar, a veces, porque no quiero despertar. A veces me atrevo y somos dos perdidos en una comunión que dura lo que el aliento.
La mirada de mi hija está abierta, siempre. La busco, a veces, porque sé que algo me espera ahí. Luego recuerdo que la infancia es una puerta frente a un espejo que espera frente a un lago que sostiene el frío y los años que toma entenderlo y prefiero dar un paso atrás, dejando su mirada estirada lo que dura la extensión de una palabra que busco para llamarle, suavito, sin romper ese puente.
Mi mirada está siempre fija y solo a veces logro perderla. Entonces, me veo en ella. Sin reconocerme, a tientas, perdido en la extensión de la adultez y sus juegos de arenal.
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